La historia del hotel

La villa Beau Séjour (Bella Estancia)...

...fue construida en 1908 en uno de los lugares de Taormina con mejores vistas. La aparición del establecimiento coincidió con la época de auge del turismo aristocrático, y el hotel se vio pronto frecuentado por una clientela internacional. El hotel estaba situado de un almendral; amplias terrazas descendían en pendiente hasta la carretera; sobre los muros de piedra no faltaban agaves e higueras de la India, típicos de Sicilia.

El edificio fue uno de los primeros establecimientos hoteleros de Taormina y acogió viajeros procedentes de Europa Central llegados a Sicilia para pasar allí el invierno. Por las tardes, los clientes se encontraban en el salón, lugar de lectura y de encuentro, donde, en el horario habitual, se celebraba el rito tradicional del “tea time”, durante el cual se podían saborear los manjares de la casa. Los huéspedes del Beau Séjour hacían a menudo excursiones a Castelmola, el monte Ziretto o el monte Venere. Las mulas y los asnos, el único medio de transporte para cruzar los senderos de los campos de los alrededores, se convirtieron en parte de la tradición popular y, al mismo tiempo, en una gran atracción turística.

Tras algunos años de gestión, el almendral fue convertido en un terreno cultivado con cítricos: cultivos de limoneros, naranjos y mandarinos. En los años treinta, con la llegada del fascismo, una ley impuso la traducción de los nombres extranjeros; así, la villa Beau Séjour pasó a llamarse Bel Soggiorno. Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes establecieron el comando militar de Taormina en el hotel San Domenico y se situó un destacamento en Bel Soggiorno.

En la posguerra, el edificio fue remodelado y adaptado a las exigencias del turismo llegado a la isla con auge económico de los años sesenta. En aquellos años, Taormina asistió a la paso de la vida mundana de los salones privados a los locales nocturnos. Los clubes nocturnos se convirtieron en poco tiempo en un poderoso foco de atracción del turismo internacional; fueron frecuentados por personajes conocidos de la decadente aristocracia siciliana y por turistas millonarios en busca de nuevas emociones.

Las exigencias de los nuevos huéspedes cambiaron; la nueva clientela llegaba a Sicilia ya no para pasar el invierno, como a principios de siglo, sino para descansar en verano, y Taormina se consolidó como estación turística balnearia. Desde los años noventa, la dirección del hotel lleva a cabo mejoras anuales para hacer más agradable la estancia de sus huéspedes. El Bel Soggiorno ha conservado, de todos modos, su fascinación de comienzos del siglo XX, con su estilo morisco de ventanas bíforas y arcos ojivales, y disfruta de una situación panorámica envidiable, con vistas a la bahía de Naxos y al Etna.

El exuberante jardín, con plantas de cítricos, olivos, almendros, buganvillas, agaves e higueras es apreciado por la clientela internacional. Todo un espectáculo de luces es lo que se contempla desde las terrazas del hotel cuando, al alba de cada nuevo día, el resplandor de las lámparas da paso a los primeros rayos del sol de la mañana. En los meses de verano, con las primeras luces de la aurora, el rumor de los motores de los barcos pesqueros es sustituido por el canto de las cigarras a la sombra del volcán y del mítico pino piñonero del hotel.

El sugerente escenario, único por su posición envidiable, está caracterizado por una combinación de luces y colores que fascinan y asombran a los espectadores. Para la celebración del centenario, el establecimiento espera que las metas alcanzadas se conviertan en un nuevo inicio, tan tonificante como las primeras luces que se disfrutan desde las ventanas panorámicas del hotel cada mañana.